Jazz's Things

jueves, mayo 19, 2005

Si voy a los servicios sociales me la quitarán.

Lo dice mirando a la niña, que juega sin saber de qué hablamos.
Se despide diciéndome que espera que la vida me trate mejor que a él. Con la sonrisa más sincera que se puede ofrecer cuando estás al borde.
Estas cosas me nublan los días.

Mientras hablamos recupero fragmentos de memoria, pequeños trozos que no están disponibles todo el tiempo, hasta que alguna imagen, un sonido o un olor, los saca de su escondite y me permite contemplarlos.

Lo que no recordamos forma parte de nosotros y opera en lo invisible.

Recuerdo las burlas, por su tamaño, por su fealdad, por lo fácil que era tomarle el pelo. Más tonto que listo, más feo que guapo, grandullón, con una situación familiar que rozaba lo surrealista. No me daba pena, me caía bien. Me parecía real, con todo lo que ello implica. No me gustaba que los demás se metiesen con él y siempre trataba de compensar.
Pequeños gestos.
Hacemos lo que podemos, aunque no sirva de nada.

Durante estos años he ido viéndolo de vez en cuando. Hola tío, ¿Cómo estás? Tengo un curro de guardabosque, me dan casa y todo. Hola tío, ¿Cómo estás? Dejé aquello, ahora estoy de seguridad, pero pagan fatal, a ver si encuentro algo mejor. Hola tío, ¿Cómo estás? Voy a tener una niña, estoy de baja, me golpearon en un supermercado mientras hacía una guardia y me han jodido los riñones. Hola tío, ¿Cómo estás? Yo estoy sin trabajo, la madre de mi mujer se está muriendo, debo recibos de casi todo, mi vecina se está haciendo cargo de las cosas de la niña y ya me ha dicho que no puede seguir ayudándome.

Ya no voy con la cabeza alta, la llevo agachada, me da vergüenza, tío.

No me dan curro en ningún sitio, mi mujer me ha dicho un par de veces que hará la calle y yo me pongo enfermo de pensarlo, mi hermano sale de la cárcel dentro de nada, el pobre chaval, todo por querer ayudar en casa. Desde que mi padre murió mi familia se ha echado a perder. Esto es una mierda, colega, a veces pienso en matarme pero bueno, está la niña y eso me quita la idea de la cabeza. Joder, si por lo menos pudiese meterme en una buena empresa de vigilancia, ahora quiero sacarme el graduado, ni siquiera lo tengo. Estuve en tres colegios, tío, y dos de ellos especiales. ¿Qué cojones hago yo entre autistas y subnormales? Ya sé que no soy muy listo pero, coño, tampoco es para eso. Leo libros, a ti te gustaba leer, me acuerdo, me he leído los tres de Alejandro Magno, están guay. No sé qué hacer.

Miro a la niña y la niña me mira a mí con ese juicio por formar con el que sólo los niños saben mirar.
Es preciosa. Ajena a toda la miseria que le rodea.
No puedo evitar preguntarme hasta cuándo.

Hablo con él y le doy algunas ideas, sitios a los que acudir a buscar trabajo, pienso en gente a la que llamar.
Hago lo que puedo, aunque no sirva de nada.

Nos despedimos y un regusto amargo me llena por dentro. Hago un par de llamadas a amigos que puedan saber de algo, les pido que me tengan informado, memorizo un par de ideas nuevas que me dan y me las guardo para la próxima vez que lo vea.

Y en casa, cuando me tumbo y miro al techo, algo se agita, incómodo, dentro de mí.

Al final me quedo dormido, con la niña observándome desde mi memoria mientras su padre la mira en silencio.