Jazz's Things

domingo, diciembre 12, 2004

Llevo una pulsera en la muñeca izquierda.

Esta es la historia de cómo y por qué la llevo.

Hace una semana la vi en el videoclub. Los fines de semana trabajo en uno, es mi recreo, mi Fiesta De La Desconexión Universal ™, el trabajo mecánico que me permite poner mis cosas en orden y establecer prioridades.

Mi digestión semanal de vida.

Se acercó a mí y me sonrió de una forma infantil y sincera, una gran sonrisa saliendo del corazón.
La segunda vez que la vi pensé que quizá, a veces, su corazón se cansará de sonreír y recibir tan poco a cambio.

Hola, dijo, soy una chica rusa que está vendiendo cosas de Rusia.

Sus dos trenzas le daban un aire jovial, movía levemente la cabeza de un lado a otro mientras sujetaba la caja de cartón entre sus manos.

Entonces miró mis ojos.
Dentro de mis ojos.

¿Eres español?, me preguntó.
Miré dentro de sus ojos y le contesté que sí.

Me gusta mirar y ser mirado de esa forma porque no siempre se puede, no con todo el mundo.

Ladeó un poco la cabeza y frunció el ceño, sin perder la sonrisa.
¿Español, español?, insistió.
Sí, sonreí.

Se lo pensó durante unos instantes y afirmó:
Español raro.

Charlamos brevemente, me enseñó las cosas que llevaba y no le compré nada.

Hoy la volví a ver, entró en el bar donde suelo disfrutar de los periódicos que me cuentan cómo nos vamos volviendo locos, los unos y los otros.

Lo primero que escuché fue su voz.

Siempre estoy en un rincón, me gusta tener una perspectiva completa del sitio en que me encuentro. Los rincones la dan, no lo olvides.

Observé sus gestos, su sonrisa, cómo sacaba lo mejor de ella y lo regalaba a la persona que tenía delante.

Hola, soy una chica rusa que está vendiendo cosas de Rusia
La mirada limpia, azul.

Llegó a mi mesa y le saludé.
Hola de nuevo, ¿cómo te va desde la última vez?
Se sentó a mi lado y me miró, de nuevo, dentro de los ojos.
Te conozco, dijo sonriendo, tratando de recordar.
Español raro, dije yo.
Sí, afirmó dando una dosis extra de brillo a su sonrisa.

A su mirada, no son sus dientes, es su mirada; sonríe con ella.

Unos días más suerte, otros días menos, me contó.
Sentados así, cerca, pude ver todo lo que ocultaba su sonrisa; supe de las penas y de las decisiones difíciles escritas en las pequeñas, casi imperceptibles, arrugas de sus ojos.

Hay heridas que sólo los heridos reconocen en los demás.

Y le compré algo, y cuando se marchó nos despedimos con la mano, como si fuésemos amigos y le deseé sin palabras toda la suerte del mundo, para cada uno de sus días.

Y por eso llevo una pulsera en la muñeca izquierda.

2 Comments:

  • Yo también me he encontrado a la rusa en el bar donde suelo ir, me dijo que era estudiante y que vendia cosas de Rusia...

    By Blogger Aitor, at 10:45 a. m.  

  • Me ha gustado esa historia. Es un muy
    bonita. Un saludo. :)

    ...
    http://www.corsariablog.info

    By Anonymous Anónimo, at 12:00 a. m.  

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