Jazz's Things

viernes, noviembre 26, 2004

Enterémonos de una vez, que ya va siendo hora:

El sexo es una demostración física del sentimiento; la pasión del alma. Eso y el mejor Juego Sagrado al que dos pueden jugar.

Me parece una vergonzosa incongruencia que, los mismos tipos que nos piden que superemos nuestras limitaciones físicas y seamos espíritu, pongan el grito en el cielo cuando un sector de la población lo consigue.

Aquella persona capaz de amar a otra, con todo su corazón y con todo su cuerpo, sin necesitar que ésta sea del sexo contrario, tal y como dicta la genética y las necesidades reproductivas de la especie, tiene todos mis respetos.

No me parece tan mala idea que nos enamoremos de las personas, y no de los atributos sexuales y de las expectativas de reproducción.

Y esto último es más común de lo que realmente quieres saber, por aquello de seguir durmiendo tranquilo.
Un poco de antropología básica te dirá por qué te gustan tanto ciertos aspectos del sexo contrario y verás hasta que punto todo está ligado a la genética. A la carne.

Me parece más humano, sano y natural desde el punto de vista del Alma, no desde el punto de vista biológico -por razones obvias- que alguien ame a alguien por ser quien es y que practique el sexo con esa persona como lo que es, un juego entre dos, una forma de conversación donde la carne y el espíritu tienen la posibilidad de comulgar, compartirse y contarse su historia.

Independientemente de que esa persona sea o no sea del sexo contrario.

Claro que ahí mis amigos de la sotana siempre han estado envueltos en contradicción.

O bueno, no siempre, sólo desde que algún Santo con problemas para echar un casquete decidió que si él no follaba, el resto tampoco. Decidió también que Jesús seguramente tampoco lo habría hecho, cosa que dudo bastante viendo la naturaleza abierta y carente de prejuicios del personaje en cuestión. Por mucho que, en un acto de soberbia imperdonable, La Curia haya ido modificando la imagen de Jesús para acercarla a la que ellos tienen de sí mismos, la naturaleza noble y natural para con las cosas del sujeto en cuestión sigue siendo transparente leyendo Los Evangelios, pese a lo mucho que los hayan reescrito y mutilado.

Que cuando los curas follaban las cosas les iban mejor no es ningún secreto.

Han gastado demasiada energía en prohibir algo sano, natural y -esta es la parte que les preocupa- liberador. Están, desde el punto de vista psicológico, obsesionados con el tema.

Es una de las patologías básicas de la represión, consulta tu manual.

Me sorprende que lleven siglos apelando a la necesidad de sobreponernos a nuestros instintos carnales y que no se lo hayan planteado.

Este punto de vista, digo.

A fin de cuentas, la heterosexualidad, tiene una base genética y un fin reproductivo.
Viene de la carne. Los tipos de la sotana llevan siglos diciéndonos que hay que sobreponerse a ella y aprender a vivir en el espíritu.
Y sin embargo demonizan que un hombre ame a otro hombre o que una mujer ame a otra mujer sin pararse a pensar que, quizá, esas personas están por encima de esas limitaciones físicas, de esos dictados genéticos.

Que ellos no están buscando excusas sentimentales para justificar impulsos escritos en su ADN.

Tanto hablar de trascender la carne y no se les ha ocurrido considerar la homosexualidad como forma de hacerlo.

O, por lo menos, no en público.