Jazz's Things

lunes, febrero 23, 2004

No estamos bien de la cabeza.
Algo está fallando cuando tenemos todos los datos y somos incapaces de juntarlos.
Algunos trabajadores de los medios de comunicación están luchando para poder seguir siendo eso, medios de comunicación. Periodistas, todavía honrados, quieren informar sin deformar.
Todo esto ocurre en nuestras narices mientras miramos, ajenos, como si no fuese con nosotros.
En la guerra de Irak, en la que la mayoría de la población se manifestó en contra –sí, nueve décimas partes son mayoría, lo siento-, hubo un sesenta y ocho por ciento de cobertura mediática a los grupos que apoyaban el conflicto.
Los periodistas protestan por ello.
Se te vendió la impresión de que esa mayoría que no quería meterse en los tejemanejes personales del santón yanki no era tan mayoritaria.
Te lo tragaste.
El presidente, el nuestro, dijo que tenía pruebas irrefutables de que la intervención militar en Irak era justa y necesaria. Se le olvido, al pobrecillo, que en una democracia el presidente está para representar a la mayoría de su pueblo, no para mandar sobre ella. Pero bueno, es comprensible, tenemos muy poca cultura democrática. Quizá por eso se pueden montar esas fiestas de verborrea vacía sin que la oposición tenga derecho a réplica. Cosas del poder. Todavía hay quien piensa que democracia es votar una vez cada cuatro años. No olvidemos que los que mandan saben de estas cosas y sólo han soltado las riendas durante unos añitos ya que, si miras bien, te darás cuenta de quienes eran los que cortaban el bacalao en la dictadura y dónde están ahora sus hijos y nietos, por poner un ejemplo. En cuanto a las famosas pruebas, en fin, nadie te las ha mostrado y nadie te ha pedido disculpas.
Nadie te ha pedido perdón por mentirte.
Te lo tragaste.
A nivel mundial, por salir un poco de casa, la mentira es más que obvia.
Los protectores de la paz dicen, abiertamente, que el derecho a traer la armonía al globo, así con su particular estilo, les viene concedido directamente por Dios.
Eso al Opus Dei le ha debido de encantar; no olvides que, en este país, son una autentica fuerza viva y que, aunque insistas en separarlos de la iglesia, hoy por hoy son lo mismo.
Estamos de acuerdo, existen sectores progresistas en esto de la iglesia; totalmente de acuerdo. Desgraciadamente están pegando tiros en alguna selva tratando de proteger a pobladitos de veinte o treinta personas de las guerrillas, la mayoría de ellas armadas por los yankis, mientras que los sectores más conservadores, antiguos y venerables, los de la mujer a la cocina y nada de pasarlo bien al follar, están en la cumbre del poder.
Dentro de la Santa Madre Iglesia Católica. Esa en la que rezas.
Ahí, justo ahí, está el Opus Dei. Todo lo demás es no querer ver lo evidente.
No me hará falta recordarte que al general patas cortas lo llevaban bajo palio, ni que hace unos pocos siglos Rey y títere del poder religioso eran sinónimos.
Esto, en el fondo, es una vuelta a los orígenes; y si te pica, te rascas.
No se puede esperar menos de una entidad que, al igual que EEUU, no ha firmado la declaración de derechos humanos.
La guerra, los recortes del presupuesto en las áreas más necesitadas y el aumento en defensa, la expansión por la vía militar del imperio yanki y todo esto que vivimos debe ser lo que El Altísimo quiere para el mundo, si hacemos caso a Bush que, además, según declaraciones oficiales, habla con Él.
Pero ahí te tienes, pensando que eso tampoco va contigo mientras te suben la vivienda otro diecisiete por ciento, aquí, en tus narices. Se cargan a pasos agigantados la educación laica, te llenan las calles de niñas de diecipocos años educadas religiosamente que, pese a no haber visto un calzoncillo caer al suelo en su vida, son auténticos inventarios andantes del miedo y el prejuicio sexual. Convierten el mundo laboral en un sálvese quien pueda, cada vez más lejos del modelo propuesto por la constitución, esa que tanto dicen respetar; te manipulan, te mienten y deforman la realidad en tu cara. ¿Adivinas qué haces tú?
Te lo tragas.
Ya no se esconden para mentirte, lo hacen de forma descarada. Saben que no harás nada. Saben que no eres capaz de reconocer a un cojo, por mucho que se balancee.
Juegan con la ventaja de que no eres consciente de tu propia ignorancia.
Así que, como decía antes, un grupo de periodistas intenta que la información vuelva a ser digna, un medio para mantenerse al día de lo que realmente ocurre.
La queja es, en concreto, que la imagen que venden los medios no refleja la realidad social.
Así de claro.
Los despidos obviamente, vienen, uno detrás de otro, se consigue hacer un poco de ruido; y poco más.
Tienen la batalla perdida porque a ti te da igual, el ruido quiero decir; eres un sordo en potencia.
En marzo habrá elecciones y, seguramente, el partido en el poder, esa derecha que manda, los mismos que desoyeron la voz de la mayoría de sus “representados” y nos metieron en un conflicto que nos ha convertido en la vergüenza de Europa, esa misma, ganará.
No hay opción, todos los socialistas son unos ladrones. De eso no le cabe duda al españolito de a pie. No hicieron nada bueno, ni aumentaron considerablemente los derechos de la mujer ni buscaron una política de igualdad social, que va, sólo se dedicaron a robar. Si te fijas bien se les ve la marca del antifaz y el hueco en la chepa para la bolsa del tesoro.
Mi tesoro, que diría Gollum.
Ellos, la derecha, no roban; redirigen el capital, que es más fashion.
Cuando un concejal de derechas hace algo reprochable, no sé, meterle mano a la secretaria, subirse el sueldo by the face, mentir en los medios, cualquier cosa, elige una al azar, que hay varias, aunque no les hayan dado tanta cobertura, no pasa nada.
Porque no es la derecha la que comete la falta, no, es sólo ese concejal.
Es como, por ejemplo, cuando descubren que algún cura ha abusado de menores, o encuentran cadáveres de niños enterrados en algún convento. En más de uno. No es que la Iglesia, al hacer que sus pastores eliminen de su actividad diaria una cosa tan poco natural, sana y tan poco dictada por la genética como es el sexo, sea una máquina de crear individuos reprimidos que desvían su conducta. No, no es eso, pese a lo que digan los psicólogos sobre la represión de los instintos naturales y las neurosis y desviaciones que ello conlleva. Es, simplemente que los tipos les salen rana, vamos, que no es culpa de ellos.
Mala suerte.
Tampoco lo fueron las hogueras, la eliminación sistemática de todos los matriarcados y el aplastamiento de todo aquel que no se convirtiese, por huevos, a esta fe tan molona que, por cierto, los populares profesan.
No, esos fueron unos pocos, en general son buena gente.
Gente de Dios.
Obviamente, te lo tragas.
Así que ahora, cuando la iglesia te suelta que, claro, que todos los problemas que tiene la mujer hoy día vienen por su incorporación al mundo laboral que, a su vez, vino muy impulsada por la famosa liberación sexual de los sesenta, en fin, no te queda más remedio que aceptar que tienen razón, las mujeres tenían que haberse quedado en la cocina y pariendo hijos, vamos. El hombre a trabajar y la mujer a servir, como ha sido siempre.
Y se quedan tan frescos.
Luego uno mira un poquito y ve lo enraizada que está esta derecha con la religión.
Porque son buena gente, todos, menos esos que se desmandan; las excepciones. Gente como Dios manda, que hace lo que debe en nombre del señor; independientemente de que estés o no estés de acuerdo. A la guerra, a la subida de la vivienda, a la educación anti-proletaria, a la privatización, al chupeteo de culos en La Casa Blanca y al mamoneo general del país me remito.
Y tú, colega, te lo tragas.
Con lo indispensable que resulta la separación de poderes y mantenerlos alejados de la influencia religiosa y nosotros caminando para atrás.
Vivir para ver.
Así que cuando lleguen las elecciones y vea que, como mucho, estos mendas pierden unos cuantos escaños me diré a mi mismo que bueno, que vale, que por lo menos ha habido un par de personas que han sabido sumar dos y dos y les ha dado cuatro.
Cómo a mí.
El resto, a tragar. A fin de cuentas sarna con gusto no pica y, como dijo aquel, tenemos justo lo que nos merecemos.

Amén.