Jazz's Things

lunes, mayo 05, 2003

Se les ha presentado una pequeña incongruencia moral a los defensores de la libertad.

Me refiero a esos que acusaron a los pacifistas de demagogos, de poco patriotas, de ideólogos baratos, estúpidos y pseudo-idealistas que no han aprendido a lamer botas mientras las tienen en el cuello.
Sintiéndose con ese gesto, parte del pisotón.

Porque resulta que, tachán, esos mismos que bendicen la intervención de Estados Unidos en este saqueo internacional que nos ha dejado el globo hecho unos zorros en muchísimos niveles que se irán apreciando con el paso del tiempo, son muy buena gente en el fondo y están, por supuesto, contra la masacre llevada a cabo por los nazis bajo el mandato de Hitler.
Incluso alguno te cuenta, con ojos llorosos, que su abuelo era polaco y sufrió ese horror en sus propias carnes.
Pero, fíjese usted, ironías del destino, ¡alejop!, el abuelito de Bush tuvo algún que otro problemilla bastante sonado en su época por financiar a los nazis.
Tralarí.
Resulta que la fortuna de la respetable familia viene de eso, de ser, aparte de tejanos, fundamentalistas cristianos, derechistas ultra-conservadores, racistas, abiertamente machistas y aficionados a quemar gente en la silla eléctrica (preferiblemente negros.) simpatizantes de los nazis.

Lo suficientemente simpatizantes como para pagarles la fiesta.

Aquí es donde yo me pego el gustazo y les cierro la boca:

Porque allá por el octubre de 1942 el gobierno ordenó que se confiscara la Unión Ranking Corporation y otras empresas que estaban dando apoyo a los nazis.
Apoyo en este contexto se corresponde con financiación, amigos.
La mayoría de esas empresas tenían como propietario o socio al señor Prescott Bush, abuelito de nuestro querido Bush, ese iluminado defensor de las libertades.
Por otra parte el papá de este entrañable abuelito era un Guerrero de Dios que, paradójicamente, se codeaba con afiliados al partido nacionalsocialista alemán.
Y también tuvo sus más y sus menos por eso.
Samuel Bush se llamaba el angelito.

Vamos, resumiendo el asunto:
Nuestros amigotes, esos que nos critican por poner el grito en el cielo cuando los Estados Unidos de América ponen a la democracia boca abajo y la joden a placer, raca, raca; ellos que tan convencidos se sienten de estar en “el lado del bien” y que con tan poca vergüenza se atreven a indignarse por el uso del sentido común, recurriendo a la burla y a la bravata, la mayoría de veces fuera de sus posibilidades, se encuentran, de repente, con que están apoyando la política imperialista de un tipo cuya fortuna familiar viene de la financiación a los Nazis.

Por no mencionar otra serie de desfalcos y estafas, también documentadas.

Dejado totalmente de lado la copia descarada que el de la santa cruzada está haciendo de más de uno de los movimientos estratégicos de aquel asesino del bigote.
Están nuestro amigotes, como les decía, Apoyando, alardeando y defendiendo al que permitió, con sus dineritos, que media humanidad se las pasara putas.

Es una lástima que los que apoyan al amigo Bush no se puedan refugiar en las acusaciones de demagogia barata, en las amenazas de si tuviera tiempo desmontaría todos tus argumentos o en el simple, estúpido, pero valido para algunas mentes, recurso del eso es mentira, colega; una pena porque, desgraciadamente para ellos, existe amplia documentación y condenas a la familia Bush por estas cuestiones.

De mano de Franklin Delano Roosevelt, por citar sólo a uno de los que le dieron para el pelo a la familia de marras.

Ahora sólo les queda apechugar, cada uno con lo suyo, y aguantar el tipo.

Manteniéndose en su postura antes que reconocer su error, recurriendo a la descalificación personal para tapar esa vergonzosa falta de argumentos, motivos y razones, no vaya a ser que aprendan algo de historia, de justicia, de agravios comparativos y de errores repetidos.

Los muy subnormales.