Jazz's Things

sábado, mayo 31, 2003

A sus veintipocos era una criatura única, con sus cosas buenas y sus cosas malas, como todos; o un poco más.

No había tenido demasiada suerte en el colegio, no se adaptó a hacer lo que le pedían justamente en el momento que se lo pedían y durante el tiempo que se lo pedían.

Me contaba muchas veces como en parvulitos la profesora les dio a todos papeles blancos y cajas de lapiceros.
Él sacó inmediatamente los colores para pintar y la maestra le dijo que los guardara; eso le desconcertó.
Seguidamente la profesora les hizo abrir la caja de colores, el abrió la suya; después les hizo sacar los lápices y él pensó “a pintar tocan, colega” y se puso a la faena.
No quería que pintara, la muy puta, hasta que ella me lo ordenara, me decía.
Te controlan desde niño, tío.

En el instituto no le fue mucho mejor, entre otras cosas porque un tipo aficionado al deporte, que no fuma ni bebe y que es abiertamente contrario a las drogas -quizá incluso demasiado- no puede hacer buenas migas con los bravucones de patio, que haberlos los hay en todas partes, por desgracia.
El hecho de que le saltaran un par de dientes de una pedrada le ayudó a decidir que aquello de la educación no era lo suyo.

Crisis de ansiedad, depresiones, psicólogos, medicación.
Eso fue lo suyo durante algunos años.

Encontró en la música una vía de escape, una forma para cagarse en todo ese mundo de mierda que no le gustaba y que parecía no tenerle demasiada estima a él tampoco.

Así llegó hasta mí.

Gradualmente pasó de ser mi alumno a ser mi amigo.
Sus problemas de salud eran constantes, muchas veces anulaba su clase de canto en el último momento porque una juguetona crisis de ansiedad le había cortado la digestión.

Poco a poco fue compartiendo conmigo sus odios, que eran, en realidad, miedos.

Nunca lo traté como a un enfermo, fui su amigo y discutí con él sus ideas, tratando de que viera otros puntos de vista, haciendo de abogado del diablo en más de una ocasión.

He de decir que me siento particularmente orgulloso de su última etapa.
Sus fases depresivas habían remitido, ya no tenía ansiedad, dormía bien y podía leer.

Eso lo cambió.

Venía frecuentemente a casa a pedirme información sobre algún que otro sistema educativo alternativo, hablábamos de política, de relaciones humanas, de las dependencias emocionales, de la presión en general.
De lo bueno y lo malo de estar en esta casa de locos que llamamos mundo.


Hay momentos que uno se llevará a la tumba; se sabe en cuanto los has vivido.
Yo me llevaré, entre otras cosas, mi última conversación con él.
Recuerdo tenerlo sentado delante de mí, en el bar, con su mirada inquisitiva, un tanto desconfiada, analizando el entorno.
Tony – me dijo – Si nuestros padres han terminado siendo unos infelices, con su dinero, sus trabajos, su sofá y su tele, y todo ese vacío en el alma; si este sistema no funciona, si tenemos guerras, si sólo nos planteamos metas económicas en lugar de metas humanas, si no nos atrevemos a cambiar lo que no funciona porque somos cobardes y cómodos, si esta forma de vivir nos lleva a repetir los mismos errores una y otra vez… ¿por qué seguimos?, ¿por qué nuestros padres insisten en que vivamos según algo que a ellos no les ha servido?, ¿ por qué pensamos, tío, como banqueros?

Recuerdo mi respuesta.

Recuerdo que le dije que no debía angustiarse y que el plan de acción estaba claro.
En primer lugar entender porque no funcionan las cosas, donde están los fallos.
En segundo lugar, en caso de no poder presentar soluciones, hacer un análisis lo más minucioso posible de ellos.
En tercer lugar comunicarlo al mayor número de gente posible.
En cuarto lugar confiar estúpidamente en que la gente, una vez informada y con las demostraciones en la mano de que esto no nos lleva a ningún sitio, haga algo.

Lo estás haciendo bien, le dije, estás mirando al mundo que te rodea con una visión crítica y analítica, estás, pese a todos tus problemas, tratando de cambiar las cosas, de hacer un mundo mejor, aunque sea sobre el papel.

Estás vivo, joder.

Tenía una buena pila de libros de Chomsky para él, alguna buena edición del Tao, un poco de visión ácida de mano de Bierce, alguna sonrisa entre desgracias e inmundicias de mano de Reverte y Nart, visiones hilarantes del amor a cargo de Groucho y Woody, esa feroz mordacidad de Quevedo, esa vida dentro de la no vida de Bukowski, alguna biografía interesante de gente que cambio cosas sin darse cuenta.

Tantos libros que nunca podré dejarle.

Ahora, en su mejor época, con lo peor ya superado, mi buen amigo, mi alumno, la criatura única que compartió sus dudas, sus miedos y sus angustias conmigo, ya no está.

Terminó de escribir su obra, un legado brutalmente extenso de letras, escritos e ideas recopilados durante años y a través de varias fases a las que él mismo puso nombre.

La terminó y saltó por el balcón.
Sin rabia, sin llanto, estando más tranquilo que nunca, me dijo su madre.
Con tantas cosas por hacer, con todo un mundo que cambiar.

No sé donde estás, colega, no sé si hay más allá, mas acá o de que cojones va este rollo de estar vivo.
Me paso mucho tiempo buscando respuestas y la mayoría de ellas sólo plantean más preguntas.
Las cosas no son justas, eso tú y yo lo sabemos.
Este sitio es un poco más jodido sin ti, no sé durante cuanto tiempo te recordaré, pero quiero que sepas que me jode haberte querido tanto, que hayas sido tan especial para mi, haberme sentido tan orgulloso de verte salir del hoyo y no haberlo dicho en voz alta.

Me jode porque te has ido y no he podido darte ese abrazo que esperaba darte cuando llegaras al final del camino.

Me jode porque somos unos miserables, tú, yo y el resto; todos.
Me jode porque no cambiamos y porque vamos a seguir haciendolo así siempre.
Me jode porque tú lo sabías y yo sigo sabiéndolo.
Me jode porque te echo de menos.
Me jode porque todo esto no va a cambiar nada.

Estés donde estés, dales caña.




jueves, mayo 08, 2003

Yo alucino en colores, amigos.

Ahora nos cuentan que eso del no a la guerra ha sido cosa de los “comunistas”-cuanto tiempo sin escuchar esto-y esos que salieron a la calle por motu propio, sintiéndose indignados porque su gobernante, desoyendo su voz, hacía lo que quería (bueno, lo que quería el de la guerra santa desde la casa blanca), van y se lo creen.

Vamos, que los rojos (diabólicos, con cuernos y que comen bebés, como decían los curas a la gente en tiempos de Franco) han venido a nuestras casas a convencernos para romper la cohesión de esta gran España unida.

Nos justifica el pollo Aznar todo el tinglado con la inclusión como alias de ETA de grupos como Batasuna en la lista internacional de terroristas.

Para que el español vea que algunos viajes valen la pena, nos dice el amigo.
Con ese rostro de cemento armado que da gusto verlo.

Pobres de nosotros, manipulados e ignorantes, que hemos ido contra la decisión de apoyar el ataque descarado, por la jeta y sin pruebas-¿Dónde están esas armas?-que el imperio Americano ha lanzado sobre un enemigo poderosísimo, doce años de embargos y ataques lo hacen a uno la hostia de poderoso, que amenazaba su libertad.
Si es que somos unos desalmados, joder.
Han sido ellos, los rojos, los comunistas, ese mal universal, esos que apoyan las ejecuciones cometidas por Fidel.
(No vamos a decir nada de las ejecuciones de la democracia americana ni de bahía de Guantánamo, ni de todas las guerras montadas por los USA el siglo pasado, no sea que se nos estropee la fiesta de la ironía que nos estamos montando, amigos)

Nosotros, a fin de cuentas, somos tan sólo unas pobres victimas, sin juicio ni cultura -de esto último se está encargando divinamente ese sistema educativo anti-proletariado que a mi personalmente me hace el culo agua- somos tan tontos y nuestros lideres son tan conscientes de ello que en un ejercicio de suprema caridad cristiana, de conciencia histórica, universal, casi divina, de Justicia, así, con mayúscula, deciden por nosotros.

Miedo me da ver como van a operar contra esos que nos han comido el coco, que nos han hecho capaces de indignarnos porque nuestro dirigente haga lo que le salga de las mismísimas pasas arrugadas que esconde en el calzón, esos que han venido todas las noches durante semanas a nuestras casas y nos han obligado, a punta de pistola, a pegar cacerolazos, a gritar desde el balcón que queremos una democracia, esos que nos amenazaron con la muerte si no gritábamos no a la guerra día si y día no en multitudinarias manifestaciones; lo justo ante estos hechos será que incluyan al PSOE y a IU en esa lista de terroristas internacionales, digo yo.

Menos mal que queda gente con criterio, como el pollo Aznar, para devolvernos el sentido común, la vergüenza, el sentido de la realidad y la verdad absoluta e indiscutible que mueve su corazoncito de Español.

Al final, cachondeos aparte, a uno sólo le queda reconocer que lo que dijo aquel infame asalariado de Hitler, ya saben, aquello de que una mentira muchas veces repetida acaba siendo una verdad, es por desgracia una realidad bastante evidente.

Ahora veremos como se nos da en las urnas.

No sé si será por cierto escepticismo genético, pero me da a mí que con el tiempo se demostrará que tenemos justo el tipo de gobernante que nos merecemos.

De esos con los que no sabe uno si reír o llorar.

miércoles, mayo 07, 2003

En el fondo todo es la misma mierda, amigos.

Aquí les dejo una carta que me ha parecido bastante interesante; por su contenido y su remitente.
Se trata de una ciudadana de Estados Unidos que vivió en la Checoslovaquia comunista.
Disfrutenla:

Presidente Bush:

Hace veinte años yo vivía en la Checoslovaquia comunista. Para enterarme de las noticias, mejor que de propaganda y mentiras, solía escuchar La Voz de América, secretamente, en medio de la noche. Ahora soy ciudadana de los Estados Unidos de América y estoy muy orgullosa de ello. Y estoy horrorizada viendo lo que le está pasando a este gran país bajo su liderazgo.

Para enterarme cada día de las noticias, en vez de propaganda y desinformación, escucho la radio independiente y me pregunto cuánto tiempo pasará antes de que tenga que hacerlo secretamente, en medio de la noche, otra vez. ¿No es irónico, señor Presidente, que esté ahora en América escuchando La Voz de América?

En Checoslovaquia, según lo recuerdo, teníamos libertad de expresión, pero la vida se complicaba mucho después de expresarnos. Por eso, siempre que escucho el eslogan "Quien no está con nosotros está contra nosotros", que ha llegado a ser tan popular en los últimos meses, me dan escalofríos. La implícita y temida continuación de esa cita era "nosotros les trataremos como se merecen".

Con la adopción de la llamada Patriot Act, legislación que se supone nos protege, y ahora con la introducción de la Patriot Act II, veo que nuestras libertades civiles empiezan a esfumarse. Por favor, señor Presidente, demuestre que mis temores son infundados. Porque todo esto me recuerda demasiado al pasado. Aquéllos campos de minas y vallas de alto voltaje estaban también allí para protegernos de los enemigos extranjeros. Tuve mis dudas entonces, igual que las tengo ahora.

Señor Presidente, aprecio y admiro su compromiso religioso, pero, por favor, guárdeselo para usted. La religión tiene un alto potencial para convertir a un ser humano decente en otro mejor. Pero los resultados del fanatismo, y su abuso, están aún demasiado frescos en nuestras memorias. Es posible que esté equivocada, pero realmente pienso que los fanáticos cristianos son tan peligrosos como los (fanáticos) islámicos.

Señor Presidente, por favor, no actúe como si nosotros fuéramos la última generación de seres humanos sobre la Tierra y usted tuviera la autorización de Dios para destruirla. No tengo hijos propios, pero mi preocupación fundamental, y objeto de mi vida, es dejar este planeta habitable para los suyos.

Sinceramente

Jarmila Temelova

PS.- Ahora que la guerra en Iraq está casi acabada, por favor asegúrese de que esta historia no se vuelva a repetir. Algo extraño ocurre en los libros de texto cuando un país domina a otro.

lunes, mayo 05, 2003

Se les ha presentado una pequeña incongruencia moral a los defensores de la libertad.

Me refiero a esos que acusaron a los pacifistas de demagogos, de poco patriotas, de ideólogos baratos, estúpidos y pseudo-idealistas que no han aprendido a lamer botas mientras las tienen en el cuello.
Sintiéndose con ese gesto, parte del pisotón.

Porque resulta que, tachán, esos mismos que bendicen la intervención de Estados Unidos en este saqueo internacional que nos ha dejado el globo hecho unos zorros en muchísimos niveles que se irán apreciando con el paso del tiempo, son muy buena gente en el fondo y están, por supuesto, contra la masacre llevada a cabo por los nazis bajo el mandato de Hitler.
Incluso alguno te cuenta, con ojos llorosos, que su abuelo era polaco y sufrió ese horror en sus propias carnes.
Pero, fíjese usted, ironías del destino, ¡alejop!, el abuelito de Bush tuvo algún que otro problemilla bastante sonado en su época por financiar a los nazis.
Tralarí.
Resulta que la fortuna de la respetable familia viene de eso, de ser, aparte de tejanos, fundamentalistas cristianos, derechistas ultra-conservadores, racistas, abiertamente machistas y aficionados a quemar gente en la silla eléctrica (preferiblemente negros.) simpatizantes de los nazis.

Lo suficientemente simpatizantes como para pagarles la fiesta.

Aquí es donde yo me pego el gustazo y les cierro la boca:

Porque allá por el octubre de 1942 el gobierno ordenó que se confiscara la Unión Ranking Corporation y otras empresas que estaban dando apoyo a los nazis.
Apoyo en este contexto se corresponde con financiación, amigos.
La mayoría de esas empresas tenían como propietario o socio al señor Prescott Bush, abuelito de nuestro querido Bush, ese iluminado defensor de las libertades.
Por otra parte el papá de este entrañable abuelito era un Guerrero de Dios que, paradójicamente, se codeaba con afiliados al partido nacionalsocialista alemán.
Y también tuvo sus más y sus menos por eso.
Samuel Bush se llamaba el angelito.

Vamos, resumiendo el asunto:
Nuestros amigotes, esos que nos critican por poner el grito en el cielo cuando los Estados Unidos de América ponen a la democracia boca abajo y la joden a placer, raca, raca; ellos que tan convencidos se sienten de estar en “el lado del bien” y que con tan poca vergüenza se atreven a indignarse por el uso del sentido común, recurriendo a la burla y a la bravata, la mayoría de veces fuera de sus posibilidades, se encuentran, de repente, con que están apoyando la política imperialista de un tipo cuya fortuna familiar viene de la financiación a los Nazis.

Por no mencionar otra serie de desfalcos y estafas, también documentadas.

Dejado totalmente de lado la copia descarada que el de la santa cruzada está haciendo de más de uno de los movimientos estratégicos de aquel asesino del bigote.
Están nuestro amigotes, como les decía, Apoyando, alardeando y defendiendo al que permitió, con sus dineritos, que media humanidad se las pasara putas.

Es una lástima que los que apoyan al amigo Bush no se puedan refugiar en las acusaciones de demagogia barata, en las amenazas de si tuviera tiempo desmontaría todos tus argumentos o en el simple, estúpido, pero valido para algunas mentes, recurso del eso es mentira, colega; una pena porque, desgraciadamente para ellos, existe amplia documentación y condenas a la familia Bush por estas cuestiones.

De mano de Franklin Delano Roosevelt, por citar sólo a uno de los que le dieron para el pelo a la familia de marras.

Ahora sólo les queda apechugar, cada uno con lo suyo, y aguantar el tipo.

Manteniéndose en su postura antes que reconocer su error, recurriendo a la descalificación personal para tapar esa vergonzosa falta de argumentos, motivos y razones, no vaya a ser que aprendan algo de historia, de justicia, de agravios comparativos y de errores repetidos.

Los muy subnormales.