Jazz's Things

miércoles, abril 23, 2003

Un día de estos moriré atragantado mientras desayuno.
Porque si normalmente la cosa tiene cojones, hay días en las que el universo se luce y se te queda cara de imbécil con lo que lees.

No les voy a engañar, que hay confianza; mi sentido crítico está que roza el puro pánico en vista de lo que se nos viene encima.

Preguntándose si va a poder con toda la falta de vergüenza, la demagogia, la charlatanería barata y el insulto a la inteligencia del españolito medio que toda campaña electoral supone; Por ambas partes, no vayan a pensar que uno se chupa el dedo.

Los unos diciendo que España va bien, cuando ha quedado sobradamente demostrado que aquí tenemos de todo menos democracia.
Claro que para algunos la democracia es poder elegir quien va a estar dándole por el culo, así a lo vivo, sin vaselina ni nada, durante cuatro años.
Así que a esos les parece de lo más normal que el gobierno, en lugar de representar al ciudadano como es su deber, vaya contra los intereses de este.
De un noventa por ciento del total de esta juerga continua que llaman España.
Y olé.
Los otros apropiándose de la indignación popular para hacer campaña nos dicen, como si nos descubrieran América, que los del PP son fascistas; gran descubrimiento el tuyo, chiquitín.

Pero dinos algo que los que aún leemos y sumamos dos y dos no sepamos ya.

Si lo piensan bien es de lo más normal, a fin de cuentas son todos miembros de una casta de hijos de puta de primer orden; políticos, para que nos vamos a engañar.

Así que, como les decía al principio, ando un poco tenso con eso de saberme expuesto a una de las mayores exhibiciones de hijoputismo presuntamente ilustrado que se ha vivido en los últimos años.

Aunque lo que realmente me tensa es saber que va a haber más y que, cuando empiece el mogollón, esto va a ser una competición donde el argumento básico es tan simple como “tú eres más cabrón que yo y además, ateo”

O el gran favorito: “tú no tienes programa político”; Todo un clásico.

La cosa está en que sea como sea, al que se equivoca hay que amonestarlo duramente, en las urnas, quitándole la mano de nuestros huevos.
Si lo hicimos una vez, con unos, lo más justo es hacerlo otra vez, con los otros.

Eso sí, sin soñar ni por un momento que los que vengan, sean quienes sean, no nos van a retorcer los cojoncillos; con buena fe y todo eso.

El caso es que a mí, los desayunos me los están fastidiando con todo este asunto.

Porque uno se baja al bar, se pide su café con leche y abre, acojonado, ya les digo, el diario de marras.

En fin, un drama esto de no dejar que piensen por ti y ser aficionado a esa cosa que por ahí llaman historia, a buscar verdades, al dame el dato y yo me formaré mi propia opinión, que la comida me gusta masticarla con mis propios dientes.

Un drama porque, como les decía antes, un día de estos me dará un pasmo mientras desayuno.

Supongo que, si alguien ronda cerca en aquel momento, podrá contar como vio al joven caer de su silla, echando espuma por la boca mientras farfullaba algo ininteligible:

Mekhagho en la madfrhe ghe dhos pahió.

Y murió, diario en mano y café con leche a medio terminar.
Con lo bien que habría estado, el desgraciado, cerrando los ojos a toda realidad social, comulgando los domingos, hipotecando su vida para poder tener el coche de moda, la casa de moda y la novia de moda.
Chupando la bota que le pisa el cuello.

Eso le pasa, al muy gilipollas, por leer más de la cuenta.