Jazz's Things

sábado, febrero 22, 2003

Plas, Plas, Plas.

Démosle todos un fuerte aplauso al gran educador de los tiempos que corren.

Sí, amigos, hoy vamos a rendir homenaje a la televisión.

En primer lugar démosle las gracias por hacernos insensibles al dolor ajeno.
Por conseguir que seamos capaces de comer mientras nos cuentan las penurias económicas de cualquier país.
Preferiblemente Sudamericano.

Ya sé que algunos dirán que ellos paran siempre la cuchara en ese momento.

Un aplauso para esos también.

Seguidamente demos gracias a la tele por servir de vehículo a esas ideas tan valiosas que nos evitan el pensar lo que hemos de hacer con nuestras vidas.
Esos anuncios de jóvenes de nuestra edad conduciendo maravillosos coches que van de cero a cien en un periquete.
Jóvenes que vemos en habitaciones tan grandes como nuestras casas, que están sobradamente preparados, que da gusto verlos, oiga.
Los que nos marcan el camino de la letra, la hipoteca y el rizar el rizo en un sistema hecho para ricos, cada vez más.
Los que nos hacen olvidar que aquello que hicieron nuestros padres, lo de labrarse un porvernir con su esfuerzo y llegar a tener una posición relativamente cómoda, es
imposible hoy.
Esos que nos hacen, a fin de cuentas, de anestésico.

Nuestros modelos de futuro.

Gracias, también, a la televisión por habernos hecho participar de un modo mas activo en la JUSTICIA.
Por habernos permitido condenar a los culpables mucho antes de que haya sido demostrada su verdadera implicación.
Por conseguir que el juicio popular tenga más poder que el juicio legal.

Hace algunos años, en este encantador país de gentes de bien, se acusó a ciertos personajes publicos de haber frecuentado un club Gay donde, al parecer, podían disfrutar de
sus conductas desviadas con menores de edad.
Algunos de estos acusados no trabajaron ese verano, porque nadie los contrataba, otros desaparecieron una buena temporada de los medios.
De nada les sirvieron los años de trabajo y esfuerzo para conseguir su posición.
El caso es que al final la demanda no prosperó.

Pero no importó.

Porque gracias a la televisión todos pudimos juzgar a esos inmorales, a esos descastados, a esa pandilla de maricones; rechazarlos y ponerlos en su sitio.
Sin que nos importara lo más mínimo el hecho de que nada de lo que se decía contra ellos estaba demostrado.
Total, si la tele lo dice tiene que ser verdad.
Pero mientras tú no hagas oficial el respeto a otras opciones de vida y de sexualidad, estas no serán validas.
Mientras no remarques que, si no se demuestra por la via legal la culpabilidad uno es inocente, todo seguirá igual.

A Franco le habría encantado.

Por supuesto no voy a olvidar ese gran favor humanitario que se nos hace a todos desde nuestro homenajeado medio.
Gracias, amiga tele, por hacer desaparecer los horrores de este mundo.
Por conseguir que un dictador asesino que burla la ley desaparezca de nuestras vidas; con el simple hecho de dejar de mostrar su imagen en ti.
A fin de cuentas, gracias no ya por la emisión, si no por la omisión.
Por omitir las muertes en el nombre de la paz en lugares como Vietnam, Sudán, Irak, Yugoslavia, Camboya, Nicaragua, etc, etc.

Muchas gracias ( no se me olvide, ¡por Dios! ) por mantener las cosas en su sitio.
Por cancelar los programas que se atreven a ser irreverentes, pero no ridículos; de los ridículos ya tenemos de sobra.
Cada vez que el pueblo decide alzar la voz tú muestras sólo esa cabina rota, ese disturbio, esa noticia, sin mencionar a los que no alborotaron.
Haces bien; no sea que a la gente le dé por empezar a ver bien eso de expresarse y exigir que se hagan las cosas de forma correcta.
No sea que empiecen a darse cuenta de que, en una democracia, eliges un representante pero no le cedes todo tu poder.
No sea que les dé por empezar a unirse y derroquen un sistema que no funciona.

Llegados a este punto no puedo hacer otra cosa que quitarme el sombrero por uno de tus mejores logros.
Conseguir expandir la COMPETITIVIDAD.

Con tus anuncios, tus series, tus discursos en ese sentido y tu omisión de los discursos en el sentido contrario.
Esa competitividad que hace que no seamos capaces de unirnos, por no ser compañeros, si no competidores.
Esa unión que haría la fuerza que, los que te programan, no desean para nosotros.

Y es que es difícil ser fuerte cuando se pasa uno el dia trabajando para alcanzar un ritmo de vida impuesto desde tí, un ritmo imposible.
Es difícil pensar cuando uno cree que lo único que puede hacer en sus ratos libres es sentarse a observarte.
A tragarse todo lo que sueltas.
Impasible, sin mover un dedo más que para hacer zapping.

Ese gran deporte.
Dar vueltas y vueltas a canales que escupen la misma basura una y otra vez esperando el milagro de algo que capte una atención cada vez más dormida.
Escuchar la voz que haces sonar más fuerte, la de los ridiculos y los demagogos.

Voy a decirte algo:

No creo en tí.

No creo que respondas a la demanda.
Has demostrado que la ley de oferta y demanda es falsa.
Tu creas la demanda escupiéndonos basura y haciéndonosla tragar.
Quiero que sepas que ya no te quiero, no te necesito.

Has perdido tu encanto.

Si alguien te enciende frente a mí tus mentiras aparecen evidentes a mis ojos.
Será que llevo tiempo sin verte.
Quemar libros sería muy llamativo, es mejor conseguir que la gente deje de leerlos y pierda el tiempo frente a tí.
Aplaudo la jugada.
Pero yo no juego más.

Esto, como verás querida tele, no es sólo un homenaje.
Es lo que tú y yo hace tiempo sabíamos:

Es una despedida.


Music: Simpathy For The Devil - Rolling Stones.